Tú, si tú. Ese diablito que de un
día para otro me conquistó. Con poca masa, con mucha verborrea aprendida, con
un espíritu de guerrero y con un corazón lastimado. Enamorado de los quejios,
un sanamente loco, juguetón de pies y grabado por Schopenhauer. A mí, tu
chulería, tus conquistas, no me impresionan. Te he calado amigo, eso cuéntaselo
a otra. No necesitas a nadie, créeme, no necesitas que te digan el camino al
que seguir. Estas confundido. Necesitas encontrarte y luego podrás caminar
acompañado.
Qué bonito fue escucharte en tus ojos y leerte en tus palabras. Me diste un
soplo de aire fresco, un paréntesis, un sueño en el que dejarme llevar a
sabiendas que estaba soñando. Como una estrella fugaz, intensa, parpadeante,
pero corta. Y así debía ser, porque el encanto no sucedió. Y aunque cupido
perdió dos flechas, nosotros ganamos la partida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario